Un encuentro inesperado

Venimos de familia confitera y cerera

Desde 1807, nuestra familia se dedicaba a la confitería y la cerería. Pasamos buena parte de nuestra infancia y adolescencia entre dulces y artesanos.

Por uno de esos imposibles saltos generacionales, la actividad finalizó en 2007, con el sabor agridulce del fin de una tradición.

La travesía

Durante 25 años guardamos en casa el anhelo de endulzar la vida de otros. A fuego lento se mantenía una inquietud: hacer disfrutar de los pequeños momentos con un buen bocado.

Y el retorno desde otro lugar

En uno de esos respiros que da la vida, desde un nuevo entorno, en la Sierra Norte de Madrid, descubrimos a las abejas, su vida social, y la riqueza de lo que producen.

De la mano de gente de la zona nos hemos animado a producir hidromiel.

¿Por qué hacemos este hidromiel?

Porque nos gusta celebrar las pequeñas cosas en buena compañía y con el paladar satisfecho. Una rica trufa de chocolate, un queso de oveja del pirineo, una anchoa del cantábrico... ¡Faltaba el hidromiel!

Porque creemos que la alimentación nos pone en una relación íntima con la naturaleza, y nos llena producir algo que pueda hacerlo sentir.

Porque la artesanía contemporánea nos parece un maridaje de este tiempo entre el buen hacer, el cuidado de la naturaleza, y la calidad.

Porque queremos practicar una economía de lo pequeño, de lo humano y de lo justo.